¡Buenas!
Perdón por la ausencia, pero ha sido un periodo de exámenes demasiado duro. El hecho de haber tenido seis asignaturas ha sido agotador. El tener una asignatura del curso anterior te quita años de vida. Es así. En mi caso, pasó a ser esa asignatura que tienes que aprobar "sí o sí". Es una cuestión psicológica, de cerrar el curso precedente, de completar otro curso. El problema viene cuando esa asignatura te chupa la energía de tal forma que afecta seriamente al examen anterior y, especialmente, al siguiente. Eso ha sido lo que ha pasado en mi caso. En el momento pensé: "me da igual, prefiero estudiar las otras en verano, pero me niego a estudiar esta m***** otra vez" (sí, a veces soy así de explícita). Lo conseguí. Con mucho sufrimiento, pero lo hice. Dicha asignatura se compone de parte teórica y práctica. De la parte teórica salí contenta, pero mi sensación al salir del examen práctico fue: NO. Así de rotundo. Pensé que había tirado por la borda todo el trabajo. Para mi sorpresa, aprobé. Ese fue el momento en el que mi cerebro hizo click, y a partir de ahí, la concentración apareció en mi vida.
La concentración en este periodo fue fundamental. No sé cómo ni por qué, pero este cuatrimestre he sido especialmente ineficaz. He pasado muchas horas en mi escritorio, pero no tenía apuntes hechos ni he estudiado. La procrastinación es real, existe, y me ha visitado demasiado estos meses. Afortunadamente, el miedo me ha invadido y me ha empujado a hacer en tiempo récord lo que tendría que haber estado hecho.
El balance, de momento, no está siendo mala. Claro que hay algo para septiembre, pero estoy consiguiendo cosas que pensé que no sería capaz. He aprendido más que lo que viene en los libros. No sé si habré dado con mi ecuación perfecta, pero sí que me he conocido mucho más, creo que voy descubriendo mi funcionamiento.
Todo esto me ha hecho llegar a unos buenos propósitos del nuevo cuatrimestre que empieza mañana.
1. Organización. Ha sido uno de los principales fallos del primer cuatrimestre. Con organización se pueden abarcar muchas cosas. Una planificación adecuada es una de las armas más importantes de un estudio eficaz. Una clave en términos de productividad.
2. Llevar el trabajo al día. Sí, el tópico estudiantil más conocido. Yo siempre lo he hecho, excepto este cuatrimestre. Y me culpo por ello. "Grano a grano se hace una montaña". Para construir esa montaña tenemos que poner un grano todos los días, por insignificante que parezca.
3. Deporte. Todos sabemos los múltiples beneficios que tiene el ejercicio. Ahora hagamos una cosa. Relacionemos todos esos beneficios con su implicación en la concentración y estudio. Alucinante, ¿verdad? Pues ahí tenemos una de las claves. Por no hablar de su capacidad para hacernos desconectar...
4. "Me time". Este término tan de moda hoy en día tiene un gran peso en las personas que llevan una vida cargada de estrés y obligaciones, como puede ser un estudiante. Dedicarnos tiempo nos ayuda a conocernos, a confiar en nosotros mismos. Nos ayuda a descubrir y potenciar todas nuestras armas.
5. Descanso. Es fundamental en todas sus variantes. No solo el hacer descansos en nuestras sesiones de estudio, sino el descanso nocturno de calidad. Dormir nos ayuda a fijar los conocimientos adquiridos durante el día.
Espero que tengáis una gran semana.