¡Buenas! Un día tarde, pero aquí os traigo un post sobre las
prácticas clínicas y mi primera experiencia en el hospital.
He estado una semana, con fiestas y fin de semana de por
medio, así que ha sido un poco caótico. Lo malo de esto es que conoces a los
pacientes y cuando vuelves unos días después, ya no están. No hay una
continuidad, que te hace ver cómo se desarrolla la enfermedad, el tratamiento…
Yo comencé mis prácticas en la sección de Medicina Interna.
Me pareció el sitio adecuado, ya que encuentras pacientes con varias
patologías. Normalmente, es gente mayor lo cual agrava la situación.
El primer día llegué con miedo. Miedo a no dar la talla,
pero también miedo a que no me gustase. Miedo a que no hubiese acertado hace
tres años. Miedo a haber luchado tanto tiempo por algo que no me motiva. Al
principio, no me atrevía a preguntar nada. Tuve suerte de que me tocó una
doctora que me enseñó mucho. El primer día me explicó cómo se hace una
entrevista clínica, y me recomendó hacer una. Fue un momento un poco extraño,
porque me agobié mucho, pero llegué a la conclusión de que al toro hay que
cogerlo por los cuernos. Así que fui a la habitación a hablar con la señora. La
verdad es que me costó mucho hacer las preguntas lo suficientemente específicas
como para que me contase lo que yo quería averiguar. Al día siguiente tuve que hacérsela
a una chica más joven, lo que me resultó más sencillo. En una semana hice 4
historias diferentes. He de decir que poco a poco ya voy cogiendo práctica, y
ya voy mejorando en el trato con el paciente.
En cuanto a las historias clínicas, puedo decir que es
verdad eso de que tu primera historia clínica será un desastre. Si, lo fue. Yo pensaba
que había hecho algo decente, pero no. Fue desastrosa.
También hice alguna exploración física, pero muy
superficial. Usar el fonendo al principio te hace ilusión, hasta que te das
cuenta de que no sabes auscultar. Realmente, no sabíamos nada. Hemos empezado
las prácticas sin saber hacer nada. Sinceramente, he aprendido más en el
hospital que en clase. Ambas cosas son importantes, pero al final te curtes en
el campo de batalla. Las clases son un hilo conductor, útil, pero solo eso.
He de decir que he tenido momentos en los que he pensado que
eso no era para mí, que yo no servía para eso. Pero realmente, no hemos
estudiado absolutamente nada de patología, y aun así, ya hemos aprendido a
hacer cosas. No está mal.
También he tenido momentos buenos. La sonrisa de los
pacientes cuando les dices que les van a dar el alta no tiene precio. Es muy
gratificante que un paciente te diga que espera haberte sido útil en tu
aprendizaje. Sí, todos ustedes son útiles. Todos y cada uno son
imprescindibles. Todos nos enseñan algo. Su predisposición a contarte una vez
más lo mismo, es de agradecer. Lo que se siente cuando un paciente te llama doctora, es alucinante, al igual que cuando vas por el pasillo y la gente se aparta para que pases.
En conclusión, creo que mi primer contacto con el hospital
ha sido positivo. También es el principio de muchas horas de hospital. Es una
primera toma de contacto que te prepara para lo que queda en estos años
venideros. Estoy impaciente porque llegue diciembre y así poder aprovechas las
siguientes prácticas un poco más.